Correr hasta un árbol, inventar una carrera, bailar en el living, quedarse un rato más en la plaza. En la infancia, buena parte del movimiento sucede así: entre juegos que no necesitan silbato, camiseta ni un horario reservado en la agenda. Hacerles lugar puede resultar difícil. Y muchas familias quisieran que sus hijos tuvieran más oportunidades de disfrutarlos.
El 77% de las madres y los padres consultados en un estudio realizado en la Ciudad de Buenos Aires desearía que sus hijos hicieran más actividad física. Además, el 44% respondió que se mueven poco o “más o menos” para su edad.
Los datos surgen de una investigación de Pulsar.UBA, el observatorio de opinión pública de la Universidad de Buenos Aires, para el Club de Amigos, que relevó prácticas y percepciones de 607 madres y padres de chicos de entre 2 y 12 años residentes en CABA.
El primer informe, publicado en octubre de 2026, invita a mirar qué lugar encuentra el movimiento entre la escuela, los traslados y las obligaciones familiares. También plantea una pregunta que excede a cada hogar: qué oportunidades tienen los chicos de jugar y hacer actividad física en la ciudad.
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Más deporte al crecer, menos movimiento cotidiano
Uno de los hallazgos más interesantes aparece al comparar las edades. Según las respuestas de las familias, la práctica de deportes o actividades físicas fuera del horario escolar aumenta a medida que los chicos crecen: pasa del 31% entre los 2 y 4 años al 67% entre los 5 y 7, y al 71% entre los 8 y 12.
El movimiento fuera del deporte organizado sigue el recorrido contrario. La proporción de chicos que, según sus padres, dedican más de una hora diaria a esas actividades desciende del 59% entre los 2 y 4 años al 47% entre los 8 y 12.
La diferencia ayuda a pensar la actividad física infantil más allá de las clases y los entrenamientos. Un chico puede empezar un deporte y, al mismo tiempo, perder ocasiones de caminar, correr o jugar durante el resto de la semana.
El deporte organizado y el juego cotidiano ofrecen oportunidades complementarias de movimiento. Para acompañar una infancia activa, conviene mirar ambos: qué sucede en las actividades programadas y qué espacio queda para moverse libremente.
Estos resultados, de todos modos, no permiten determinar por sí solos cuántos chicos cumplen las recomendaciones de actividad física: el estudio recoge estimaciones familiares y distingue prácticas deportivas y no deportivas, sin medir de manera objetiva su intensidad.
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Cuando las ganas están, pero el presupuesto no alcanza
El deseo de que los chicos se muevan más convive con dificultades concretas. El informe identifica un grupo equivalente al 23% de la muestra, denominado “deporte en pausa”: familias cuyos hijos no hacen deporte, que valoran la actividad física y quisieran sumar práctica, pero encuentran un freno económico.
Otro 34% integra el perfil “deporte a pulmón”: sostiene la actividad deportiva con esfuerzo económico y también desearía ampliarla.
Es un dato que merece atención porque cambia la conversación. Promover hábitos saludables requiere entender qué posibilidades existen para sostenerlos. Las cuotas, la disponibilidad de propuestas cercanas y las condiciones para llegar a ellas forman parte de esa discusión.
El deseo de sumar actividad también presenta diferencias territoriales: alcanza al 67% de las familias encuestadas en la zona norte, al 76% en el centro y al 83% en el sur de la ciudad.
Las respuestas muestran necesidades distintas dentro de CABA. Por el diseño del relevamiento, deben leerse como diferencias observadas en la muestra, sin atribuirlas automáticamente a una única causa.
El club como lugar de encuentro
Entre los chicos que realizan deportes fuera del horario escolar, el 51% lo hace en clubes deportivos. La pregunta admitía más de una respuesta, de modo que una misma familia podía mencionar distintas instituciones.
Los clubes ocupan así un lugar relevante en las prácticas relevadas. Para muchas familias, representan un espacio donde encontrar una actividad sostenida, compartir con otros chicos y construir una rutina alrededor del juego y el deporte.
La escuela también aparece en las respuestas: apenas el 29% de las familias consultadas considera suficiente la actividad física que sus hijos realizan allí. Se trata de una percepción de madres y padres, no de una evaluación de las clases de educación física, pero expresa una expectativa sobre las oportunidades de movimiento durante la jornada escolar.
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Cuánta actividad física necesitan los chicos
Al hablar de actividad física infantil, la edad importa. La recomendación de “una hora por día” no se aplica del mismo modo a todos los chicos incluidos en el estudio.
La Organización Mundial de la Salud establece estas pautas:
| Edad | Recomendación de actividad física |
|---|---|
| 2 años | Al menos 180 minutos diarios de actividades físicas variadas, de cualquier intensidad, repartidos durante el día. |
| 3 y 4 años | Al menos 180 minutos diarios de actividad física variada; de ese total, al menos 60 minutos deben ser de intensidad moderada a vigorosa. |
| 5 a 17 años | Al menos un promedio de 60 minutos diarios de actividad física moderada a vigorosa a lo largo de la semana, principalmente aeróbica. |
En los más pequeños, esas tres horas se distribuyen entre juegos y movimientos a lo largo de la jornada. No equivalen a tres horas de entrenamiento.
Para los chicos de 5 a 17 años, la OMS también recomienda incorporar actividades vigorosas y otras que fortalezcan músculos y huesos al menos tres días por semana. El movimiento puede formar parte del juego, la recreación, los desplazamientos y la educación física.
Saber ayuda, pero hacen falta oportunidades
El informe encontró una asociación entre el conocimiento de las recomendaciones y una mayor actividad física declarada por las familias.
Es un resultado valioso para pensar campañas de información, aunque necesita un matiz: la encuesta no demuestra que conocer la recomendación sea la causa de que los chicos se muevan más. También podría ocurrir que las familias más vinculadas al deporte tengan mayor acceso a esa información.
Acercar pautas claras puede ayudar a revisar rutinas. Para convertirlas en hábitos, hacen falta además tiempo, espacios y propuestas accesibles.
La actividad compartida ofrece otra pista. Según el relevamiento, el porcentaje de familias que se mueven en conjunto con frecuencia baja del 37% entre quienes tienen hijos de 2 a 4 años al 23% entre quienes tienen chicos de 8 a 12.
A medida que crecen, cambian sus intereses. Quizás la propuesta que antes funcionaba necesita transformarse: una salida en bicicleta, una caminata con amigos, música para bailar o un juego elegido por ellos.
Cómo hacerle lugar al movimiento en la vida diaria
Las guías de la OMS aconsejan ofrecer actividades agradables, variadas y adecuadas a la edad y las posibilidades de cada chico. También señalan que hacer algo de actividad es mejor que no hacer nada y que se puede avanzar de manera gradual.
Con ese criterio, algunas ideas para probar en familia son:
- Reservar momentos para el juego activo. Una visita a la plaza, una búsqueda del tesoro o un juego con pelota pueden abrir oportunidades de movimiento.
- Sumar trayectos a pie cuando sea posible y seguro. Caminar algunas cuadras puede formar parte de la rutina.
- Preguntar qué les gustaría hacer. Elegir entre distintas propuestas ayuda a encontrar una actividad que disfruten.
- Ofrecer alternativas concretas a los ratos de pantalla. Invitar a bailar, salir o jugar puede facilitar el cambio de actividad.
- Compartir algún momento de movimiento. Una caminata o un juego breve también permite disfrutar tiempo juntos.
- Explorar propuestas cercanas y accesibles. Escuelas, clubes, polideportivos y organizaciones barriales pueden ser lugares donde consultar.
La propuesta es encontrar oportunidades que puedan sostenerse en la vida real, con los tiempos y recursos de cada familia.
Una infancia activa necesita espacio
El estudio deja una señal alentadora: hay muchas familias que quieren que sus hijos se muevan más. También muestra que ese deseo encuentra obstáculos y que las oportunidades de actividad física se transforman a medida que los chicos crecen.
La respuesta requiere acompañamiento. De las familias, de las escuelas, de los clubes y de una ciudad que pueda ofrecer lugares accesibles y seguros para jugar.
Porque en ese rato de plaza, en una carrera improvisada o en las ganas de volver a una actividad hay algo que merece ser cuidado: la posibilidad de disfrutar del propio cuerpo y del encuentro con otros.
- Sobre el estudio: el relevamiento se realizó del 1 al 4 de septiembre de 2026, con una muestra no probabilística de 607 madres y padres de chicos de 2 a 12 años residentes en CABA. Incluyó 507 encuestas online y 100 presenciales, con cuotas por zona, sexo de los padres y edad de los hijos. Sus resultados describen respuestas de las familias participantes; no constituyen una medición clínica ni permiten generalizar porcentajes con la precisión de una muestra probabilística. El primer informe está disponible en el sitio de la investigación del Club de Amigos.
Contenido informativo: no reemplaza la consulta médica.



