La salud mental ocupa un lugar cada vez más importante en las conversaciones cotidianas. Hablamos de ansiedad, depresión, déficit de atención y trastornos emocionales con una naturalidad que hace algunas décadas era impensable. Esa mayor visibilidad puede ayudar a reconocer problemas y buscar atención, pero también plantea una pregunta: ¿corremos el riesgo de interpretar cualquier malestar como una enfermedad?
Allen Frances, psiquiatra estadounidense que dirigió el grupo de trabajo encargado de elaborar el DSM-IV, uno de los principales manuales de diagnóstico psiquiátrico, lleva años advirtiendo sobre los riesgos de ampliar excesivamente las categorías diagnósticas.
Su preocupación no es que se hable demasiado de salud mental, sino que algunas personas reciban diagnósticos o tratamientos que no necesitan, mientras otras con trastornos graves siguen sin recibir atención adecuada.
Estas son diez cuestiones que conviene tener presentes.
10 puntos clave para tener cuidado con los diagnósticos de salud mental
1. No toda tristeza es depresión
Sentirse triste después de una pérdida, una separación o una experiencia difícil no significa necesariamente tener un trastorno depresivo. El contexto, la intensidad, la duración y el impacto de los síntomas son fundamentales. Sin embargo, una depresión también puede aparecer después de acontecimientos difíciles y requiere atención.
2. Desconfiar de los diagnósticos demasiado rápidos
Frances advierte que algunas evaluaciones se realizan con información insuficiente. Un diagnóstico responsable necesita conocer la historia de la persona, sus síntomas y cómo afectan su vida. Una consulta breve no siempre alcanza para establecer un diagnóstico definitivo.
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3. Un cuestionario no reemplaza una evaluación clínica
Los test de ansiedad, depresión o TDAH pueden ser herramientas útiles para detectar posibles problemas, pero sus resultados no equivalen automáticamente a un diagnóstico. Deben interpretarse dentro de una evaluación profesional.
4. Tener cuidado con las etiquetas en la infancia
Los niños atraviesan diferentes etapas de desarrollo. La inquietud, la impulsividad o las dificultades de concentración pueden tener distintas explicaciones. Antes de diagnosticar TDAH u otro trastorno, es importante considerar la edad, el entorno escolar y el funcionamiento del niño en diferentes contextos.
5. Revisar si los síntomas pueden tener otra causa
Algunos medicamentos, sustancias y enfermedades físicas pueden provocar síntomas similares a los de un trastorno mental. Frances insiste en descartar estas posibilidades antes de atribuir automáticamente el malestar a una enfermedad psiquiátrica.
6. No asumir que todo diagnóstico necesita medicación
Existen situaciones en las que la psicoterapia, las intervenciones sobre el entorno o una combinación de tratamientos pueden ser adecuadas. La decisión depende del diagnóstico, la gravedad y las necesidades individuales. Los medicamentos pueden ser fundamentales y, en algunos casos, imprescindibles.
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7. Pedir explicaciones sobre el diagnóstico
Una persona tiene derecho a comprender por qué recibió determinado diagnóstico, qué criterios se utilizaron y qué otras explicaciones se consideraron. Cuando existen dudas razonables, una segunda opinión profesional puede ser útil.
8. Recordar que los diagnósticos pueden revisarse
Frances sostiene que los diagnósticos deberían mantenerse abiertos a revisión. Los síntomas evolucionan, aparecen nuevos antecedentes y la respuesta al tratamiento puede aportar información. Una etiqueta inicial no necesariamente describe a una persona para siempre.
9. No abandonar tratamientos por miedo al sobrediagnóstico
Cuestionar el exceso de diagnósticos no significa que los trastornos mentales sean inventados. La depresión grave, el trastorno bipolar, la esquizofrenia y otras enfermedades pueden requerir tratamientos sostenidos. Nunca se debe suspender una medicación psiquiátrica sin consultar al profesional que la prescribe.
10. Buscar profesionales que escuchen, no solamente que clasifiquen
Uno de los mensajes centrales de Frances es la importancia de conocer a la persona antes que limitarse a identificar sus síntomas. Una buena atención contempla su historia, sus relaciones, sus circunstancias sociales y sus necesidades. La empatía y la relación terapéutica forman parte del tratamiento.
El mensaje más importante
La advertencia de Allen Frances no es que debamos desconfiar de la psiquiatría, sino que un diagnóstico debe ayudar a comprender y tratar el sufrimiento, no convertirse en una etiqueta apresurada.
Tan importante como evitar tratamientos innecesarios es reconocer a tiempo a quienes realmente necesitan atención. Si los síntomas son persistentes, intensos o interfieren con la vida cotidiana, conviene consultar a un profesional.
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