10 claves para evitar enfermarse en invierno: cómo protegerse de gripe, resfríos y otros virus

Diez medidas para reducir el riesgo de gripe, resfríos y otros virus durante el invierno, desde vacunas y ventilación hasta higiene y mascarillas.

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Cuando bajan las temperaturas también comienza la temporada en la que gripe, resfríos, COVID-19, virus sincicial respiratorio (RSV) y otras infecciones respiratorias cobran mayor protagonismo.

Pero hay una aclaración importante: el frío en sí mismo no es el responsable de que una persona contraiga gripe o un resfriado. Durante el invierno pasamos más tiempo en lugares cerrados, compartimos aire con otras personas y solemos ventilar menos. Todo esto facilita la transmisión de muchos virus respiratorios.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) consideran que la vacunación, una buena higiene y mejorar la calidad del aire interior son algunas de las principales herramientas para disminuir el riesgo de enfermedades respiratorias.

10 medidas que pueden ayudar a protegerse durante el invierno

  1. Revisar qué vacunas corresponden antes del invierno

No existe una vacuna contra el resfriado común, pero sí existen inmunizaciones que permiten reducir el riesgo de algunas de las enfermedades respiratorias que más circulan durante los meses fríos y, especialmente, de sus formas graves.

Para la temporada de influenza 2026-2027, las vacunas contra la gripe en Estados Unidos fueron actualizadas. La FDA modificó los tres componentes respecto de la temporada anterior, incluido el correspondiente a influenza A(H3N2), después de la amplia circulación de una nueva subvariante durante 2025-2026.

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El CDC recomienda mantenerse al día con las inmunizaciones correspondientes según edad, antecedentes médicos y factores de riesgo. Esto puede incluir influenza, COVID-19 y RSV.

En el caso del RSV, por ejemplo, actualmente se recomienda una dosis para todos los adultos de 75 años o más y para personas de 50 a 74 años con mayor riesgo de enfermedad grave.

  1. Lavarse las manos, pero hacerlo bien

Parece una recomendación demasiado sencilla, pero sigue siendo una de las medidas básicas para reducir la transmisión de diferentes infecciones.

El CDC recomienda lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón. Cuando no están disponibles, puede utilizarse un desinfectante que contenga al menos 60% de alcohol.

También conviene evitar tocarse constantemente ojos, nariz y boca después de haber estado en lugares públicos o haber tocado superficies compartidas.

  1. Abrir las ventanas incluso cuando hace frío

Una casa completamente cerrada y llena de personas puede ser confortable térmicamente, pero también puede favorecer que se acumulen partículas respiratorias en el aire.

Por eso, una de las recomendaciones actuales del CDC es mejorar el aire interior: dejar entrar aire exterior, aumentar la circulación, utilizar sistemas de filtración o purificación cuando sea posible y elegir espacios al aire libre para determinadas reuniones.

No necesariamente hay que mantener una ventana abierta durante horas. Incluso mejorar periódicamente la renovación de aire puede formar parte de una estrategia de prevención.

  1. Tener más cuidado en lugares cerrados y llenos de gente

El riesgo no es igual en todos los ambientes. Un espacio cerrado, concurrido y mal ventilado reúne varias condiciones favorables para la transmisión de virus respiratorios.

Esto adquiere mayor importancia cuando la circulación de gripe, COVID-19 u otros virus está aumentando en la comunidad o cuando se convive con una persona con mayor riesgo de complicaciones.

Consultar periódicamente los niveles de actividad de enfermedades respiratorias en la zona puede ayudar a decidir cuándo extremar las precauciones.

  1. Usar mascarilla estratégicamente

Las mascarillas dejaron de ser una medida utilizada de manera permanente por la mayoría de las personas, pero eso no significa que hayan dejado de ser útiles.

El CDC las considera actualmente una herramienta adicional de prevención, especialmente cuando hay mucha circulación de enfermedades respiratorias, en espacios concurridos, después de una exposición o cuando una persona —o alguien cercano— tiene mayor riesgo de enfermar gravemente.

La protección depende también del tipo de mascarilla y, sobre todo, de que ajuste correctamente y cubra completamente nariz y boca.

  1. Mantener distancia de alguien que está enfermo

Compartir durante varias horas un espacio reducido con una persona con tos, fiebre, congestión o síntomas respiratorios aumenta la posibilidad de exposición.

Cuando es posible, conviene reducir temporalmente el contacto cercano, mejorar la ventilación del ambiente y evitar compartir vasos, cubiertos u objetos que entren en contacto con secreciones.

La precaución es especialmente importante si en la vivienda hay bebés, adultos mayores, personas inmunocomprometidas o pacientes con determinadas enfermedades crónicas.

  1. No ir a trabajar o reunirse con otras personas cuando se está enfermo

“Seguir como si nada” cuando aparecen síntomas puede favorecer que una infección termine alcanzando a compañeros de trabajo, familiares y amigos. La recomendación actual del CDC es permanecer en casa y alejado de otras personas cuando existen síntomas de una enfermedad respiratoria que no se explican por otra causa.

Además de proteger a los demás, quedarse en casa permite descansar y observar la evolución de los síntomas.

  1. Cubrirse al toser y limpiar las superficies más utilizadas

Toser o estornudar directamente hacia otras personas permite dispersar secreciones respiratorias. Por eso se recomienda cubrir boca y nariz al hacerlo, preferentemente con un pañuelo descartable o con la parte interna del codo, y lavarse las manos posteriormente.

También es aconsejable mantener limpias las superficies que se tocan repetidamente, como manijas, mesas, interruptores y determinados dispositivos compartidos. Estas prácticas forman parte de las estrategias básicas de higiene recomendadas por el CDC.

  1. Dormir bien y no confiar en supuestos “refuerzos inmunológicos”

Dormir lo suficiente, realizar actividad física regularmente y mantener una alimentación variada son hábitos importantes para la salud general.

Pero conviene desconfiar de productos que prometen “subir las defensas” o impedir resfríos de forma prácticamente automática. Ningún suplemento reemplaza medidas de eficacia mucho más establecida, como las vacunas indicadas, la higiene, la ventilación y evitar exposiciones de alto riesgo.

Tampoco existe un alimento determinado capaz de garantizar que una persona no contraiga gripe o un resfriado durante el invierno.

  1. No esperar demasiado si aparecen síntomas y se pertenece a un grupo de riesgo

Prevenir no significa solamente intentar evitar el contagio. También implica actuar a tiempo para impedir que una infección evolucione hacia una enfermedad más grave.

El CDC recomienda que las personas con factores que aumentan el riesgo de complicaciones consulten rápidamente si presentan síntomas de una infección respiratoria, ya que para determinadas enfermedades existen tratamientos que son más efectivos cuando se administran temprano.

Dificultad para respirar, dolor persistente en el pecho u otros síntomas graves requieren atención médica inmediata.

La clave está en combinar medidas

Ninguna de estas estrategias elimina completamente la posibilidad de enfermarse. La protección aumenta cuando se combinan varias: vacunarse cuando corresponde, mantener una buena higiene, renovar el aire, evitar exposiciones innecesarias y tomar precauciones adicionales cuando aumenta la circulación de virus.

El invierno seguirá siendo una temporada de mayor actividad respiratoria, pero muchas de las herramientas para reducir el riesgo son simples y están al alcance de la mayoría de las personas.

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