
Hay personas que sienten que, de repente, algo cambia. Una relación termina, aparece un nuevo trabajo, cambian las prioridades o surge la necesidad de empezar de cero. A veces ocurre cerca de los 28, los 35, los 42 o los 49 años. Para algunos es solo una coincidencia. Para otros, forma parte de un patrón que se repite a lo largo de la vida.
Esa idea está detrás de la Teoría de los Septenios, una forma de entender el desarrollo humano que sostiene que atravesamos ciclos de siete años y que cada uno trae desafíos, aprendizajes y transformaciones diferentes. Aunque no está respaldada como una teoría científica, sigue despertando interés en ámbitos como la psicología humanista, la antroposofía y el desarrollo personal.
¿Por qué tantas personas sienten que su vida cambia justo en determinados momentos? ¿Tiene algún fundamento pensar que evolucionamos por etapas de siete años? Estas son las ideas que propone la Teoría de los Septenios, de dónde surgió y por qué, décadas después, sigue generando curiosidad.
Qué son los septenios de la vida humana
Según la antroposofía, la vida humana tiene, a lo largo de su recorrido, tres grandes fases o etapas y, en cada una de ellas, tiene características específicas. Conoce qué es la teoría de los septenios y cómo pensar tu ciclo vital desde esta perspectiva.
Esta teoría sostiene que la vida humana presenta tres grandes fases importantes y en cada una de ellas se presentan diferentes cuestiones con sus propias características.
La antroposofía es la visión del mundo basada en la filosofía de Rudolf Steiner y sostiene que cada una de las fases se puede dividir en períodos de 7 años. Se pone especial énfasis a los tres primeros septenios, es decir a los tres primeros períodos de 7 años ya que ellos corresponden a la etapa formativa. La primera tiene lugar desde el nacimiento hasta los 7 años, la segunda, de los 7 a los 14 años, y la tercera, del período formativo, entre los 14 y los 21.

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Primer septenio: de 0 a 7 años
Todos los niños tienen el derecho a crecer y formarse en un ambiente cómodo, cálido y en donde se sientan queridos hasta entrar en edad adulta.
El momento de la pérdida de los dientes de leche es considerado como un signo visible de la transformación interior y marca el momento en que el niño se encuentra preparado para comenzar con la vida escolar.
Segundo septenio: de 7 a 14 años
Este ciclo viene marcado fuertemente por la pubertad y abre las puertas hacia la madurez sexual.
Tercer septenio: de 14 a 21 años
En este período el cambio está dado por la madurez social y es cuando el joven comienza a sentirse adulto verdaderamente.
Cuarto septenio: de 21 a 28 años
En este momento de la vida se desarrollan la sensibilidad, el dominio personal y la creatividad. Aquí empieza el segundo ciclo compuesto también de tres septenios en torno al eje de la vida social y laboral.
Como dato de color, es a esta edad cuando muchos autores y creadores se dan a conocer con sus primeras obras.
De los 28 a los 42 años
Durante los primeros 7 años se desarrolla una fase vital clave y de máximo desarrollo. Según algunas creencias tradicionales, a los 35 años Buda logró alcanzar la iluminación y la misma edad tenía Jesús cuando su vida acabó. Por su parte, Dante Alighieri inicia la Divina comedia afirmando que se halla, a los 35 años, en medio del camino de su vida.

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En la Edad Media y en la antigüedad clásica se creía que la vida humana tenía una duración natural de setenta años. Estando de esa manera a los 35 años en la mitad de la vida y en pleno desarrollo.
Si en la primera mitad de la vida nos centramos en formarnos, en la segunda mitad surge el impulso de darnos al mundo a través de nuestra vocación o de nuestro rol familiar. Esta etapa se prolonga hasta los 42 años.
A partir de los 42 años
En en este momento cuando comenzamos a experimentar la madurez y plenitud. Muchas tendencias dicen frecuentemente que la vida empieza a los cuarenta, entendida como el momento en donde se empiezan a encontrar nuevas motivaciones y gustos.
Luego el arco vital empieza a curvarse hacia abajo, y nos toca ir alejándonos del mundo externo para profundizar en nuestro propio interior.

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Envejecer de manera sana implica una gran aceptación de la vida y de la muerte, además de cargarse de dignidad y sabiduría. También en este momento de la vida se pierde fertilidad, pero se abren otros caminos de crecimiento interior y de libertad.
El pintor japonés Hokusai afirmaba que su verdadero arte sólo empezó a prosperar cumplidos los setenta y tres. Verdi, Richard Strauss y muchos otros compositores siguieron creando pasados los ochenta.
A pesar de esta teoría, muchos autores sostienen que las sociedades contemporáneas han evolucionado y que los ciclos vitales han cambiado rotundamente sus ritmos. Por ese motivo, la juventud se acelera cada vez más a la vez que la longevidad se extiende.
Sólo para dar un ejemplo, la menstruación se daba hacia los 15 años en 1900, pero hoy en día se da hacia los 12 o 13. La mayoría de edad se establecía antes a los 21 años y en la mayoría de los países es actualmente a los 18.
El niño no es un adulto en miniatura y el anciano no es un adulto averiado. Cada fase tiene su propia luz. En el niño predominan la expectación y el descubrimiento; en el anciano, el recuerdo y la profundización.

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Ser consciente de cómo se conforman los capítulos de nuestra vida es vital a la hora de conocerse, aceptarse y quererse cada vez más. Lo importante es vivir y disfrutar cada etapa, ya que es única. En relación a esto, un proverbio chino afirma que la vida humana tiene tres fases: veinte años para aprender, veinte para luchar y veinte para alcanzar la sabiduría.
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