La pandemia, las restricciones, la crisis económica, el dinero que no alcanza o las agendas que estallan. Por mil y una razones, los problemas asociados al estrés personal y social están en boca de todos y su enorme capacidad de daño empieza a ser una preocupación cotidiana. Para entender el tema y atender los riesgos de sumarse a la creciente lista de personas con burnout, depresión y otros trastornos, es importante conocer algunas cuestiones asociadas a la hipercortisolemia, que es cuando tenemos elevada la hormona del estrés.

Hipercortisolemia: qué es el cortisol y cómo se mide

Mucha gente se acerca a los consultorios planteando problemas de estrés. Lo que pocos saben es que puede medirse a través de distintos estudios o análisis y que un dato clave es el valor de la llamada hormona del estrés: el cortisol.

¿Cómo se mide? ¿Cuál es el nivel normal de cortisol en la sangre? ¿Qué pasa si uno tiene el cortisol alto? ¿Qué produce el cortisol en el cuerpo? ¿Cómo se trata? ¿Qué podemos hacer? Son muchas las preguntas, así que vamos por parte.

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Qué es el cortisol

El cortisol es una hormona que tiene efecto en prácticamente todos los órganos y tejidos del cuerpo. Desempeña un papel importante ayudando a:

  • Responder al estrés.
  • Combatir las infecciones.
  • Regular el nivel de azúcar en la sangre.
  • Mantener la presión arterial.
  • Regular el metabolismo, el proceso por el cual el cuerpo utiliza los alimentos y la energía.

El cortisol es producido por las glándulas suprarrenales, dos glándulas pequeñas situadas encima de los riñones. La prueba de cortisol mide el nivel de cortisol en la sangre, la orina o la saliva. Los análisis de sangre son la manera más común de medir el nivel de cortisol

La activación a largo plazo del sistema de respuesta al estrés y la sobreexposición al cortisol y otras hormonas del estrés que actúan en consecuencia pueden interrumpir casi todos los procesos del cuerpo humano

Esto incrementa el riesgo de padecer diversos problemas de salud, tales como:

  • Ansiedad.
  • Depresión.
  • Problemas digestivos.
  • Dolores de cabeza.
  • Cardiopatía.
  • Problemas de sueño.
  • Aumento de peso.
  • Deterioro de la memoria y la concentración.

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Cortisol y cerebro

En cuanto a los cambios en la estructura del cerebro, se ha demostrado que hay ciertas áreas como la corteza prefrontal, la amígdala y el hipocampo que ven reducido su tamaño como consecuencia del estrés crónico. Estas áreas juegan un papel muy importante en la regulación emocional, la memoria y el aprendizaje.

La reducción de la degradación del cortisol debida a la supresión de la expresión y activación de las enzimas que lo metabolizan contribuye a la hipercortisolemia y, por lo tanto, a la supresión de la corticotrofina.

La enfermedad crítica, por ejemplo, un cuadro de estrés crónico grave, se acompaña frecuentemente de hipercortisolemia, la cual es proporcional a la gravedad de la enfermedad.

Esta observación ha sido siempre atribuida a la activación del eje hipotálamo-hipofisario-suprarrenal inducida por el estrés, y a la producción de cortisol en respuesta al aumento de corticotrofina.

Las vías principales de la depuración del cortisol son el hígado y el riñón. Esta degradación del cortisol es compensada por su regeneración a partir de la cortisona en el hígado y el tejido adiposo. La regulación de estas enzimas es compleja.

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Hipercortisolemia: cómo se diagnostica, causas y tratamiento

La hipercortisolemia se diagnostica por medio de un análisis de sangre, lo puede pedir el psiquiatra para evidenciar la magnitud de la repercusión del estrés en el organismo. El tratamiento depende de la causa: puede ser por estrés o por un problema endocrinológico o neoplásico, por ejemplo.

Entendiendo el enorme impacto que tiene el estrés en el cuerpo, es clave, si no evitarlo, disminuirlo, ya que es el origen de la gran mayoría de las enfermedades en general.

  • Fuente: Dr Rafael Herrera Milano. Médico psiquiatra especialista en psiquiatría forense.

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Desde hace aproximadamente 11 años, desde que entró en vigencia la ley de Salud Mental (ley 26.657), tanto los profesionales que ejercemos la especialidad como los pacientes que presentan algún trastorno mental vivimos una verdadera pesadilla. Es una ley sustentada en la ignorancia, la desidia y el desconocimiento absoluto de lo que sucede en la práctica profesional de los especialistas en salud mental.

Sólo basta con saber que ninguna Facultad de Medicina ni sociedad de psiquiatras de la Argentina fueron consultados a la hora de redactar esta deficiente y peligrosa ley, que maniata a los profesionales e impide el cuidado de los enfermos y del resto de la sociedad.

Supuestamente, esta ley fue concebida para resguardar los derechos del paciente y nos hace ver a los psiquiatras como opresores sociales que queremos cercenar su voluntad.

Esa perspectiva, ese fundamento, no sólo es de una ignorancia supina sino que ha sido sumamente dañino en todos los planos: no sólo por las contradicciones que contiene sino, también, porque sólo se encargó de destruir lo que había, sin agregar nada de valor para mejorar/suplantar las instituciones y políticas existentes.

Quienes impulsaron esta ley, sólo se llenaron la boca con discursos políticos que bendecían y celebran una supuesta “desmanicomialización”, cuando en Argentina no existen los “manicomios” desde hace mucho tiempo. Lo que tenemos son instituciones monovalentes especializadas.

La Ley de Salud Mental argentina intentó espejar normativas similares del Primer Mundo sin comprender cómo funcionan las cosas en nuestro territorio y qué instrumentos necesitan en los especialistas para poder implementar un abordaje terapéutico efectivo.

Sin duda, en casi todo el mundo la tendencia es disminuir las internaciones, pero, para ello, se ha creado un complejo y eficiente dispositivo alternativo, de instituciones intermedias y mecanismos de acompañamiento, que arman una red de contención profesional que asiste al paciente mientras cuida a la su familia y a la sociedad. Es decir, son políticas sociosanitarias que implicaron una inversión que aquí no se ha realizado en más de una década, desde que entró en vigencia la Ley.

Un buen ejemplo es Gran Bretaña, donde se elaboró un plan para encarar un proceso de desmanicomialización, diseñando todos los dispositivos que la ley argentina enumera pero jamás cumplió: se dispusieron casas para alojar a los pacientes, donde son atendidos de modo continuo, visitados regularmente por asistentes sociales y enfermeros y con consultas mensuales con el psiquiatra de cabecera.

Allí, en 20 años dejaron de existir los hospitales psiquiátricos, pero el médico de cabecera, ante la consulta, deriva al paciente a un psiquiatra. Y toda la medicación es gratuita. Aquí se prohibió abrir nuevos hospitales monovalentes y se pretende que el enfermo mental se atienda en un hospital polivalente. Esta decisión esconde un peligroso desconocimiento de la problemática: es pueril pensar que un hospital no especializado pueda atender casos psiquiátricos graves.

Son lugares que tampoco tienen la estructura necesaria para albergar a estos pacientes. Basta una pregunta para alumbrar (en el mejor caso) la ignorancia: ¿Cuál sería su lugar de esparcimiento? O será que el abordaje contempla tenerlos atados en una cama todo el día…

Hoy, en Argentina, realizar una internación involuntaria es completamente engorroso, dilatorio y no acompasa los tiempos de una urgencia psiquiátrica.

Quienes amamos la psiquiatría y creemos en el enorme potencial de sus instrumentos nos preguntamos cómo es posible que el criterio de internación parta de una premisa falsa e insostenible. ¿Qué se entiende por “riesgo cierto o inminente para sí o para terceros”? Es sencillo: si riesgo es sinónimo de probabilidad, nunca puede ser cierto… Es decir, sería una certeza. Ridiculeces de este calibre plagan el texto de esta vergonzosa ley.

Por otro lado, las casas de medio camino son otra promesa trunca. El enfermo psiquiátrico, luego de su externación, debería pasar por estos espacios para hacer “un camino intermedio” antes de reinsertarse en la sociedad. Hoy en día, estos lugares de transición son prácticamente nulos, por lo cual el paciente y su familia pasan una y otra vez por un verdadero calvario, librados a su suerte y al destino que una salud mental riesgosamente frágil reserve a un paciente que, está probado, sufre y hace sufrir.

Lo hemos visto recientemente en el caso del cantante Chano o del joven que apuñaló a una decena de personas en Palermo: internar a un paciente de manera involuntaria es casi imposible. Es riesgoso para él, para su familia y para la sociedad toda. La ley de salud mental los empuja a todos al abismo.

Con otra ley, con otra política, múltiples eventos de autoagresión o heteroagresión serían evitables. Cambiarían muchas cosas si se tomase la enfermedad psiquiátrica con la entidad que realmente tiene, tomando distancia de un garantismo psiquiátrico que está haciendo estragos en Argentina: los cuadros psiquiátricos no son problemas psicológicos. Quienes los sufren son víctimas de su enfermedad mental y necesitan atención especializada, ya que existen alteraciones de neurotransmisores en el cerebro que pueden tratarse.

Los casos que llegan a los medios de la mano de pacientes famosos son apenas la punta del iceberg. La pandemia ha gatillado esta problemática. La salud mental merece otro lugar en la agenda sociosanitaria. Es urgente. ¿Cuántas muertes más se deben tolerar para que esta ridícula ley se modifique?

  • Por: Dr. Rafael Herrera Milano. Médico Psiquiatra. Perito del Poder Judicial de la Provincia de Bs.As M.N127.896 M.P 333.749

El síndrome confusional es una alteración del estado mental que aparece en poco tiempo (unas horas o pocos días). Se caracteriza por la alteración de la conciencia, de las funciones cognitivas y de la conducta, y su gravedad suele fluctuar a lo largo del día.

Este síndrome genera una alteración temporaria del funcionamiento cerebral, con un desorden de la psiquis o del psiquismo, con una obnubilación global o de algunas actividades de la conciencia, o suspensión del juicio crítico.

Su grado es variable y el más complejo es el síndrome confusional agudo o delirium. Se caracteriza por la aparicion brusca de los sintomas y por poseer un curso fluctuante. En la mayoría de los casos la etiología es multifactorial.

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El síndrome confusional no se considera una enfermedad como tal sino un síndrome con múltiples causas precipitantes. Las características que lo definen son:

  • Capacidad reducida para enfocar, sostener y cambiar la atención.
  • Evidencia de un claro factor desencadenante (enfermedad médica, intoxicación, abstinencia o efecto secundario farmacológico).
  • Cambios cognitivos (disminución de la velocidad, claridad y coherencia del pensamiento) no explicables por una demencia.
  • Desarrollo en un corto periodo de tiempo (horas-días) con curso fluctuante.

Suele desarrollarse en horas o días y se caracteriza por su presentación fluctuante: manifiesta variaciones bruscas de la evolución durante el día, incluso en horas. Por eso es importante la detección precoz

Síndrome confusional: posibles causas

El síndrome confusional puede estar causado por:

  • Un cuadro de Epilepsia
  • Un coma Hipoglucémico.
  • Un tumor cerebral que hace que aumente la presión intracraniana.
  • Un hipertiroidismo severo.
  • Diabetes, siendo ésta la causa más común.

Hay autores, como Juan C. Betta, que sostienen que se produce como una especie de adormecimiento o enturbamiento de la claridad de la conciencia. Para representar el concepto, él decía que esto sucede cuando todo el psiquismo está metido adentro de una nube, y clasifica este síndrome en diferentes tipos:

  • Confusión mental simple.
  • Confusión mental onírica.
  • Confusión mental agitada.
  • Confusión mental estuporosa.

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¿En qué casos se puede atenuar o justificar una responsabilidad penal, si se padece de este síndrome?

Al no tener el pleno uso de tus facultades, este síndrome confusional, da una atenuación de la pena o una imputabilidad disminuída, dado que la persona no pudo dirigir sus acciones.

El sindrome confusional es un marcador de vulnerabilidad, ya que representa la incapacidad del organismo para desarrollar una respuesta satisfactoria ante un evento adverso

¿Cómo se comprueba si la persona padece este síndrome?

Para constatar que la persona en cuestión padece este sindrome, se deben realizar una serie de estudios médicos que ayudarán a establecer una patología médica de base que puede ser neurológica, psiquiátrica u orgánica.

Estos estudios pueden ser clínicos, análisis de laboratorio, estudios por imágenes, o consultas psiquiátricas.

Dependiendo de la causa, se abordará al paciente con en el tratamiento que corresponda, ya sea clínica médica, endocrinología, psiquiatría o neurología, y se le practicarán los estudios o seguimiento necesario.

  • Fuente: Dr Rafael Herrera Milano. Médico psiquiatra especialista en psiquiatría forense.

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¿Cuál ha sido la experiencia en otros países respecto a este tema?

Considero que cada experiencia está atravesada por la sociedad que la realizó. No creo que sea un tema en el que podamos apoyarnos en experiencias ajenas, ya que en los países en que se implementó con éxito presentan redes de contención o prevención distintas a las de nuestro país. Cualquier política pública en esa dirección debería estar fundamentada científicamente desde las instituciones sanitarias nacionales encargadas del tratamiento de adicciones.

¿Qué produce la marihuana en el cerebro?

Una sola dosis del principal componente psicoactivo del cannabis, tetrahidrocannabinol (THC), puede inducir una serie de síntomas psiquiátricos, como psicosis aguda, trastornos del estado de ánimo y trastornos de ansiedad, según los resultados de un examen sistemático y un metaanálisis de 15 estudios , publicado en la revista"The Lancet Psychiatry", en los que participaron 331 personas sin antecedentes de trastornos.

Están completamente banalizados los posibles efectos en el SNC. El uso de marihuana es de alto riesgo y nocivo para el cerebro.

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¿La marihuana genera adicción? ¿Dependencia? ¿Cuál es la diferencia entre ambas?

Puede generar adicción o no, depende de la propensión de cada individuo más que de la sustancia en sí. Los estados por los que pasa una p​ersona que presenta consumo problemático de sustancias son numerosos. La adicción es una padecimiento mental en el que se encuentran alterados los mecanismos de regulación de la conducta, en especial, los que atañen al control motivacional y emocional.

La dependencia aparece cuando dejamos de consumir una sustancia que llevábamos consumiendo durante cierto tiempo y a la que el cuerpo se ha acostumbrado. En esta situación, aparece el síndrome de abstinencia, que es característico en cada droga en particular y que puede tratarse con éxito a través de un programa de desintoxicación.

¿Una persona que fumó marihuana puede representar un peligro para terceros?

Sí, en caso de desarrollar un brote psicótico agudo o una excitación psicomotriz.

 

  • Fuente: DR.RAFAEL HERRERA MILANO Médico Psiquiatra. Perito del Poder Judicial de la Provincia de Bs.As M.N127.896 / M.P 333.749

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Lo ocurrido con el cantante Santiago Charpentier (Chano) es un nuevo llamado de atención que podemos y debemos atender. Es uno más de una extensa lista de pacientes que quedan librados a su suerte por una deficiente, precaria e inconsistente ley de salud mental (Ley 26657), sustentada en el profundo desconocimiento de quienes la redactaron.

En primer lugar, la ley actual desconoce las incumbencias profesionales de los integrantes de los equipos interdisciplinarios; es más, propone que todos (médicos psiquiatras, psicólogos, enfermeros, asistentes sociales, terapistas) pueden hacer de todo. Esto genera problemas en las decisiones en los equipos profesionales en situaciones de internaciones, externaciones y tratamientos, entre otras cuestiones.

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La ley no sólo desconoce que es el psiquiatra el único autorizado para medicar sino que lo estigmatiza, acusándolo de cargos gravísimos en la misma redacción de la norma. Propone que el equipo multidisciplinario, integrado por diversos profesionales, participe de la prescripción de medicamentos, algo peligroso e incoherente

A su vez, la ley dispone que la internación psiquiátrica debe hacerse en Hospitales Generales. Más allá de las demandas de personal e infraestructura que ello implicaría y que no existen a la fecha, esto implica el desconocimiento de un principio básico: que los pacientes en el hospital general están en cama, mientras que, en los psiquiátricos, deambulan todo el tiempo, algo imposible de congeniar en una misma habitación, sala, pabellón e, incluso, establecimiento.

Patologías duales

En la práctica profesional, en el caso de pacientes que presentan antecedentes de abuso de sustancias acompañado de otro cuadro psiquiátrico hablamos de “patologías duales”.

Es de cabal importancia remarcar la estrecha asociación que existe entre el abuso de sustancias y los cuadros psiquiátricos. He tenido pacientes en los cuales bastó un único consumo de drogas de abuso para que se desaten cuadros psiquiátricos que hasta el momento se encontraban latentes y, tal vez, sin el gatillo de esa sustancia, nunca aflorarían.

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Es más: en la mayoría de los casos, una vez desatado el cuadro psiquiátrico, es muy complejo de revertir. Y esto ocurre cualquiera sea el cuadro que emergió, ya sea un trastorno de ansiedad, del estado del ánimo, un insomnio o una psicosis (pérdida de contacto con la realidad).

La importancia de un buen tratamiento

Los pacientes que presentan consumo problemático de sustancias se pueden encontrar en dos extremos: compensados o descompensados.

  • Compensados: se encuentran abstinentes de consumo y están “limpios” como se conoce en la jerga.
  • Descompensados: Ya sea por el consumo de sustancias que desencadenan un brote psicótico o que el mismo sea provocado por un síndrome de abstinencia.

Volviendo al caso de Chano, es importantísimo señalar que toda persona que se cruce con estos pacientes descompensados son posibles víctimas de sus desbordes conductuales. Es habitual que los paciente que encuentren en esta situación se presenten como cuadros de excitación psicomotriz: es decir, que estén en un síndrome caracterizado por hiperactividad motora y alteraciones emocionales, que puede manifestarse en una gran variedad de enfermedades médicas y trastornos psiquiátricos.

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Hacia un marco legal eficaz

No es algo extraño para quienes trabajamos en estas áreas: constituye uno de los cuadros de presentación más frecuente en salas de urgencia psiquiátricas y generales. Y es aquí, justamente, donde tallan las falencias de la ley de salud mental, la famosa desmanicomialización y su sustrato: el creer que las internaciones psiquiátricas involuntarias son una especie de “tortura” y vulneración a los derechos del paciente.

La pregunta de fondo es qué se debería hacer con estos pacientes que son peligrosos para la sociedad y para sí mismos. O, peor aún, cuando se expone al personal de las fuerzas de seguridad o a los equipos médicos a arriesgar su salud o incluso su vida en post de reducir al paciente descompensado, o se lo “obliga” a lesionarlo gravemente para evitar que agredan a terceros.

Hoy en día, en el marco de la ley actual, realizar una internación involuntaria es prácticamente inviable, ya que se necesita una orden judicial para que la policía actúe, lo cual no sucede con la celeridad que estos casos requieren. Lo que resulta en desenlaces fatídicos.

  • Fuente: Dr. Rafael Herrera Milano. Psiquiatra Forense. MN.127.896. MP 333.749

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En términos de salud, el horizonte post pandemia no luce prometedor. A más de un año de restricciones, cuarentenas y un infinito abanico de duelos varios, el impacto a nivel psíquico y emocional es cada vez mayor en todas las edades y la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha advertido que la depresión, los trastornos de ansiedad y los ataques de pánico, entre otros problemas, irán en aumento y con alcances preocupantes. Entender cómo influye el contexto en los mecanismos cerebrales que pueden gatillar cuadros psiquiátricos es clave para anticipar estrategias que puedan minimizar el daño.

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Neurotransmisores

Para abordar un tema intangible y complejo como es la salud mental, es clave entender el papel protagónico que tienen los neurotransmisores en la génesis de las enfermedades psiquiátricas.

Los neurotransmisores son sustancias químicas creadas por el cuerpo, que transmiten señales (es decir, información) desde una neurona hasta la siguiente a través de unos puntos de contacto llamados sinapsis.

Los principales neurotransmisores involucrados en las patologías del Sistema Nervioso Central (SNC) son: adrenalina, glutamina, serotonina, dopamina, gaba, noradrenalina, acetilcolina y las endorfinas. Cuando el equilibrio entre ellos se ve alterado, ya sea en más o en menos, genera síntomas que, frecuentemente, desencadenan lo que llamamos cuadros psiquiátricos, que pueden ir desde un “simple” insomnio hasta un grave caso de esquizofrenia refractaria al tratamiento.

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La función del psiquiatra es, justamente, “ecualizar” los neurotransmisores que estén “desalineados”, apoyándose en los psicofármacos y otros recursos que apuntan a restaurar ese desequilibrio que es el causante de enfermedad.

Todo este arsenal terapéutico será clave en los tiempos que vienen, en los que veremos las huellas de la pandemia en la salud mental de la población.

El rol de los psicofármacos

En la búsqueda de restaurar ese desequilibrio, es fundamental tener en claro el mecanismo de acción de los psicofármacos, ya que son muchos y muy versátiles. Y así como un antidepresivo no es de uso exclusivo para quienes padezcan trastornos del estado del ánimo, tampoco lo son los antipsicóticos para quienes padecen una psicosis ni los estabilizadores del ánimo para quienes presenten un trastorno bipolar. El arsenal terapéutico es inmenso y su uso racional, apuntando a indicar la dosis mínima efectiva (para no caer en una sobre medicación), es crucial.

Por citar sólo un ejemplo: es de uso habitual emplear un antipsicótico para pacientes que presenten insomnio y que no responden a una segunda línea de tratamiento.
Para llevarlo a un plano más simple: un destornillador puede servir para desatornillar un tornillo o para abrir una lata de pintura. Pero, para poder darle los dos usos a la misma herramienta, es necesario conocer que la misma también puede ejercer un mecanismo de palanca (lata de pintura).

Epigenética: el peso del contexto en la salud mental

El impacto de lo que vivimos desde que el Covid-19 golpea al mundo es inevitable. Diversos estudios vienen demostrando el gran peso que tiene la epigenética, que es el mecanismo por el cual el medio ambiente influye sobre los genes y logra imponerse, haciendo que una enfermedad se exprese cuando, quizá, hubiese podido quedar latente en una situación social menos adversa.

Dr. Rafael Herrera Milano médico psiquiatra

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En los tiempos que vienen, los psiquiatras tendremos el desafío de ayudar a minimizar el impacto de la pandemia en la salud mental. Restaurando los desequilibrios, el riesgo de gatillar enfermedades mentales graves se reduce notablemente.

  • Fuente: Dr Rafael Herrera Milano. Médico psiquiatra especialista en psiquiatría forense.

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La dopamina es uno de los muchos mensajeros químicos o neurotransmisores que utilizan las neuronas para comunicarse entre ellas. Eso significa que tiene una función muy importante en los espacios sinápticos, es decir, en los espacios microscópicos en los que las células nerviosas establecen conexiones entre sí.

Qué es la dopamina

La dopamina es un neurotransmisor del sistema nervioso central. Es una sustancia química producida por el propio cuerpo humano, pero que también puede ser elaborada en laboratorios.

Los seres humanos necesitamos tener un nivel adecuado de este neurotransmisor y, también, que se "reparta" de manera adecuada en nuestro cerebro para activar un montón de funciones

En concreto, la dopamina fue sintetizada artificialmente por los biólogos ingleses George Barger y James Ewens, en 1910. Décadas después, en 1952, los científicos suecos Arvid Carlsson y Nils-Åke Hillarp lograron desentrañar las funciones y características principales de este neurotransmisor.

La dopamina se produce en las neuronas dopaminérgicas en el área tegmental ventral (VTA) del mesencéfalo, del compacta de los pares de la substancia nigra pars compacta, y del núcleo arqueado del hipotálamo.

que significa dopamina

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Dopamina: el neurotransmisor multifuncional

La dopamina, cuya fórmula química es C6H3(OH)2-CH2-CH2-NH2, suele ser mencionada como la causante de las sensaciones placenteras y la sensación de relajación. Sin embargo, con la dopamina y el resto de neurotransmisores ocurre algo que impide que se pueda relacionar estas sustancias con una función muy concreta: influyen en mayor o menor medida en todo el funcionamiento del cerebro en general, en todos los procesos emocionales, cognitivos y vitales que se llevan a cabo en ese momento.

La dopamina es un neurotransmisor con múltiples e importantes funciones dentro del sistema nervioso

Eso significa que cuando se vincula la dopamina o cualquier otro neurotransmisor con estados emocionales o procesos mentales concretos, esto se debe a que la aparición de estos últimos está relacionada con un aumento del nivel de ciertos neurotransmisores en algunas áreas del cerebro vinculadas a ese estado o proceso en cuestión.

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Funciones de la dopamina

En el caso de la dopamina, entre sus funciones también encontramos la coordinación de ciertos movimientos musculares, la regulación de la memoria, los procesos cognitivos asociados al aprendizaje e, incluso, se ha visto que tiene un papel importante en la toma de decisiones.

La dopamina es un neurotransmisor que desempeña varias funciones en los seres humanos. Entre algunas de sus funciones notables están relacionadas con:

  • El movimiento.
  • La memoria.
  • Los sistemas de recompensa.
  • El comportamiento y cognición.
  • La atención.
  • La inhibición de la producción de la prolactina.
  • El sueño.
  • El humor.
  • El aprendizaje.

Alta o baja: exceso o deficiencia de dopamina

Tanto el exceso como la deficiencia de esta substancia química vital son la causa de varias enfermedades. La Esquizofrenia, el Parkinson, la Depresión y el abuso de drogas son algunos ejemplos de problemas asociados a niveles anormales de la Dopamina.

La comunidad científica coincide en señalar que la dopamina también está involucrada en el complejo sistema cognitivo que nos permite sentir motivación y curiosidad por algunos aspectos de la vida.

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Dopamina y personalidad

Diversas investigaciones relacionan a este neurotransmisor con la personalidad: la dopamina podría ser uno de los factores a tener en cuenta a la hora de saber si una persona es más cobarde o más valiente, más segura o insegura o más introvertida o más extravertida.

Un estudio llevado a cabo en la Clínica Universitaria Charité, en Alemania, demostró que la cantidad de dopamina podría ser un indicador fiable de si una persona es tranquila y segura de sí misma, o si, por el contrario, es temerosa y con propensión a padecer estrés y ansiedad.

Dopamina, sobrepeso y obesidad

No a todas las personas sienten el mismo nivel de placer cuando, por ejemplo, degustan un rico chocolate. Curiosamente, las personas con tendencia al sobrepeso y a la obesidad cuentan con menos receptores de dopamina en su sistema nervioso y, en consecuencia, necesitan ingerir más cantidad de chocolate para notar la misma satisfacción que produce el acto de comer algo dulce. Digamos que son menos sensibles a los sabores que producen adicción. Esta es la conclusión a la que llegaron unos investigadores ingleses, gracias a un estudio publicado en Science.

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Dopamina: la atracción por las emociones fuertes

Según surge de diferentes investigaciones, hay una relación entre esta sustancia y la atracción por las emociones fuertes. Una investigación de la Universidad de British Columbia publicada en Medical Daily (2014) encontró que la mayor presencia de dopamina en ciertas regiones cerebrales de los adolescentes estaba asociada a un excesivo optimismo, que los llevaba a asumir riesgos demasiado altos.

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Dopamina: creatividad, memoria y motivación

Diversos estudios demostraron que las personas muy creativas tienen una densidad menor de receptores D2 de dopamina en una región cerebral en concreto, el tálamo, que es una parte del encéfalo que tiene como principal función filtrar los estímulos que recibe la corteza del cerebro.

Esto facilitaría las conexiones neuronales que nos permiten asociar conceptos de una forma más eficiente, mejorando la creatividad.

La memoria es otra función cerebral que se ve influida por la dopamina. En concreto, la dopamina se encarga de regular la duración de la información (recuerdos), decidiendo si retiene solo durante unas 12 horas esta información y desaparece o si la mantiene por más tiempo

Este proceso de decisión mediante el cual un recuerdo se difumina o permanece en nuestro cerebro guarda una gran relación con el concepto de aprendizaje significativo. Cuando aprendemos algo que nos satisface, la dopamina activa el hipocampo para que retenga esa información.

En caso contrario, la dopamina no activa el hipocampo y el recuerdo no se almacena en nuestra memoria.

Además, solemos escuchar que la dopamina es el neurotransmisor encargado de la sensación de placer, pero los últimos hallazgos revelan que su principal función podría ser la motivación. Se demostró que las personas más enfocadas y mejor orientadas a cumplir con objetivos exigentes tienen más dopamina en su córtex prefrontal y en su cuerpo estriado.

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El comportamiento y el placer como recompensa

La dopamina es la sustancia química que media el placer en el cerebro. Su secreción se produce durante situaciones agradables. Esto significa que la comida, el sexo y varias drogas son estimulantes de la secreción de la dopamina en el cerebro.

¿Qué es el sistema de recompensa?

El sistema de recompensa es un conjunto de mecanismos realizados por nuestro encéfalo y que permite que asociemos ciertas situaciones a una sensación de placer. De este modo, a partir de esos aprendizajes tenderemos a intentar que en el futuro las situaciones que han generado esa experiencia vuelvan a producirse.

De algún modo, el sistema de recompensa es aquello que nos permite localizar objetivos en un sentido muy primario. Como los seres humanos se exponen a una gran variedad de situaciones para las cuales la evolución biológica no nos ha preparado, estos mecanismos premian ciertas acciones por encima de otras, haciendo que aprendamos sobre la marcha lo que es bueno para nosotros y lo que no lo es.

Así pues, el sistema de recompensa está muy ligado a las necesidades básicas: hará que nos sintamos muy recompensados al encontrar un lugar que contiene agua cuando llevamos demasiado tiempo sin beber, y nos hará sentir bien cuando nos reencontremos con un viejo amigo

Su función es conseguir que, hagamos lo que hagamos, y por muy variadas que puedan ser nuestras acciones y opciones de comportamiento, siempre tengamos como referencia una brújula que apunte de manera consistente hacia ciertas fuentes de motivación, en vez de hacia cualquier lugar.

Por dónde pasa el circuito de recompensa

Aunque todo lo que pasa en nuestro cerebro ocurre rápido y recibe el feedback de muchas otras regiones del sistema nervioso, para entender mejor cómo funciona el sistema de recompensa a menudo se simplifica su funcionamiento describiéndolo como un circuito con un principio y un final claros: la vía mesolímbica, caracterizada entre otras cosas por la importancia que tiene en ella un neurotransmisor llamado dopamina.

El principio de esta cadena de transmisión de información está situado en una zona del tronco del encéfalo llamada área tegmental ventral. Esta región está relacionada con los mecanismos básicos de supervivencia que son automatizados con la parte más baja del encéfalo, y desde ahí suben al sistema límbico, un conjunto de estructuras conocidas por ser las responsables de la generación de las emociones. Concretamente, el núcleo accumbens, está asociado a la aparición de la sensación del placer.

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Esa mezcla de emociones agradables y de sensación de placer pasa al lóbulo frontal, donde la información es integrada en forma de motivaciones más o menos abstractas que llevan a planear secuencias de acciones voluntarias que permiten acercarse al objetivo.

El circuito de recompensa empieza en uno de los lugares más básicos y automatizados del encéfalo y va subiendo hasta el lóbulo frontal, que es uno de los lugares más relacionados con el aprendizaje, la conducta flexible y la toma de decisiones

El lado oscuro: las adicciones

El sistema de recompensa permite que podamos seguir estando conectados a un sentido del pragmatismo que nos permite sobrevivir a la vez que podemos elegir entre diversas opciones de acción y no tenemos que ceñirnos a conductas automáticas y estereotipadas determinadas por nuestros genes.

Sin embargo, esta posibilidad de dejarnos un margen de maniobra a la hora de poder elegir lo que vamos a hacer también tiene un riesgo llamado adicción. Acciones que, en un principio, son voluntarias y totalmente controladas, como la elección de probar cocaína, pueden pasar a ser la única opción que nos quede si nos volvemos adictos.

En estos casos, nuestro sistema de recompensa solo se activará al consumir una dosis, dejándonos totalmente incapaces de sentir satisfacción por otra cosa.

Por supuesto, hay muchos tipos de adicciones, pero el mecanismo subyacente todas ellas es fundamentalmente el mismo: el centro de recompensa queda "hackeado" y pasa a ser una herramienta que nos orienta a un único objetivo, haciéndonos perder el control sobre lo que hacemos.

En el caso del consumo de sustancias, ciertas moléculas pueden interferir directamente sobre el circuito de recompensas, pero las adicciones también pueden aparecer sin uso de drogas, simplemente a partir de la repetición excesiva de ciertas conductas. En estos casos, las sustancias que producen cambios en el sistema de recompensa son los neurotransmisores y las hormonas que genera nuestro propio cuerpo.

Rafael Herrera Milano perito forense

Dr. Rafael Herrera Milano. Foto: Rubén Digilio.

Dopamina en la cognición

La dopamina en los lóbulos frontales del cerebro controlan el flujo de información de otras áreas del cerebro. Los trastornos de la dopamina en esta sección del cerebro tienden a disminuir las funciones cognitivas, especialmente la memoria, la atención, y la resolución de problemas.

Los receptores D1 y D4 son los responsable de aquellos efectos de la dopamina que intensifican la memoria. Algunas de las medicaciones antipsicóticas usadas en trastornos como la esquizofrenia actúan como antagonistas de la dopamina. Los antipsicóticos “típicos” más antiguos, suelen actuar en los receptores D2, mientras que las drogas normales actúan en los receptores D1, D3 y D4.

salud del cerebro

Regulación de la prolactina

La dopamina es el inhibidor neuroendocrino principal de secreción de la prolactina desde la glándula pituitaria anterior. La dopamina producida por las neuronas del núcleo arqueado del hipotálamo se liberan en los vasos sanguíneos hipotálamo-hipofisiarios de la eminencia media que suministran la hipófisis anterior (Hernández, 2010). Esto actúa en las células del lactotropas que producen prolactina. Estas células pueden producir prolactina en ausencia de dopamina. La dopamina de vez en cuando se llama factor de inhibición de prolactina (FIP) o hormona inhibidora de la prolactina (PIH).

Funcionamiento Social

El receptor-atar Inferior D2 se encuentra en gente con ansiedad social o fobia social. Algunas características de los síntomas negativos de la Esquizofrenia (repliegue, apatía, anhedonia sociales) probablemente estén relacionadas con un estado dopaminérgico inferior en ciertas áreas del cerebro.

Por otra parte aquellos con transtorno bipolar en estados maníacos llegan a ser hiper-sociales, así como hiper-sexuales. Esto se debe a un aumento en los niveles de dopamina. El episodio maníaco se puede reducir mediante los antipsicóticos que bloquean la dopamina.

Psicosis y Dopamina

La transmisión anormalmente elevada de dopamina se ha relacionado a la psicosis y a la esquizofrenia. Tanto los antipsicóticos típicos como atípicos actúan en gran parte inhibiendo la dopamina al nivel del receptor.

Procesamiento del Dolor

La Dopamina desempeña un papel en el procesamiento del dolor a varios niveles del sistema nervioso central. Esto incluye la médula espinal, la sustancia gris periaduectal (PAG), el tálamo, los ganglios basales, la corteza insular, y la corteza del cingulada. Los bajos niveles de dopamina se asocian a los síntomas dolorosos que ocurren con frecuencia en la enfermedad de Parkinson.

Qué es la dopamina y para qué sirve

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Depresión, serotonina y dopamina

  • El déficit de serotonina puede causar depresión, insomnio,comportamientos obsesivos y compulsivos.
  • El efecto de diferentes medicamentos antidepresivos es aumentar la cantidad de serotonina en el cerebro.
  • Además de la serotonina , el déficit de dopamina puede conllevar una depresión
    La depresión dopaminérgica se trata de manera distinta a la serotoninérgica debiéndose aumentar los niveles de dopamina en vez de serotonina.
  • En muchas ocasiones los antidepresivos solo actúan ante metabolitos de la serotonina por eso en determinadas circunstancias hay resistencia a la respuesta a estos psicofármacos.
  • Un estudio dirigido en orina de metabolitos de neurotransmisores de la dopamina, noradrenalina y serotonina nos puede ayudar también como guía para poder establecer que neurotransmisores podemos trabajar en la depresión.

Fuente: Dr Rafael Herrera Milano. Médico psiquiatra especialista en psiquiatría forense.

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